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No me había imaginado lo que me iba a costar sentarme a escribir este primer (nuevo) post sobre mí y lo que significa esto de Mestizaa. Para quienes todavía no me conocéis, mi nombre es Maider, vivo en un pequeño pero precioso pueblo de Bizkaia llamado Nabarniz y siempre me he dedicado a la fotografía.

Desde hace un par de meses estoy metida de cabeza en el “maravilloso” mundo “empieza a pensar que tu proyecto a pasado a ser una empresa y tienes que empezar a ser consecuente con todo lo que conlleva”. Tiene mucho de maravilloso (sin ironía), pero también de agobios, dolores de cabeza y desesperación, aunque de este tema hablaré en otro extenso post que seguro puede servir a muchos de terapia “no estoy sola en el mundo”. El tema de este post es uno de los puntos a tratar dentro del training que estoy haciendo relacionado con todo el tema empresarial: el storytelling, más conocido en mi casa como “cuenta tu historia”, que viene a ser lo mismo.

Quiero contar cómo empezó todo esto porque creo que te va a dar un poco más de información sobre como soy, como pienso, lo que me mueve en la vida y por consecuencia lo que mueve Mestizaa.

Resumiendo un poco el antes, llevo toda la vida pegada a una cámara de fotos, desde primaria que me llevaba cámaras desechables a clase para fotografiar a mis compañeros en excursiones, los viajes con la familia, los animales a los que me iba encontrando por el camino… todo con tal de poder ir cada semana al Carrefour de al lado de nuestra casa a revelar carretes. A los 15 mi tía me regaló mi primera reflex con la que empecé a freír a mis amigos con sesiones de fotos, empecé a hacer bodas, abrí un blog, metí media pierna en algo de moda… y mientras, acabé bachillerato artístico, hice cursos para aprender a utilizar en condiciones la cámara, un par de años de “diplomatura”… y a practicar casi a diario.

Mestizaa nació a raíz de la acogida de una perra de ocho años llamada Gora. La vimos en redes sociales a través de una asociación de Bilbao, la habían maltratado, tenía el bazo roto, piometra y unas cuantas cosas más que creo mi cerebro ha preferido borrar. Estaba recién operada y necesitaba una casa en la que recuperarse. Todavía Sugaar no había nacido y creímos que Queen podría agradecer tener compañía las 24 horas del día así que decidimos ser su casa de acogida el tiempo que necesitase. Habían pasado 4 meses y nadie había preguntado por ella… un día estaba tumbada en la cama, recuperada, dormida y sintiéndose en casa, protegida y al calorcito. Cogí la cámara y le hice un par de fotos que quise mandar a la asociación para que viesen lo bien que estaba. Una semana después ya había personas interesadas en ella. Las fotos habían surtido efecto. Lo más gracioso fue cuando me llamaban para decirme que tendría hogar definitivo… y yo no contestaba. Ya no quería que se fuese… después de cuatro meses juntos era una más de la familia… pero no estábamos preparados para adoptarla.

Gora pasó a llamarse Ona, encontró un hogar en el que a día de hoy sigue siendo feliz, y yo empecé a preguntarme si no podría ayudar a más perros en su misma situación. La respuesta era sí, pero la idea no fue mucho más allá. Hasta que en noviembre de 2015 viajamos a Yukatan y me enfrenté a la situación en la que viven allí los perros. No voy a entrar en mucho detalle, te podrás imaginar a qué me refiero… el resultado fue la puesta en marcha de Mestizaa en cuanto bajé del avión. Mi único objetivo sería ayudar en lo que pudiese a través de la fotografía.

Desde entonces, hace casi tres años, hemos evolucionado, hemos redirigido nuestro camino, hemos abierto y cerrado estudios, colaborado con asociaciones, con marcas, hecho exposiciones… y sobre todo hemos retratado a familias de cuatro, de tres, de dos y de uno siempre con sus perros, porque queremos enseñar al mundo cómo ellos son un miembro más de la familia y se merecen ese mismo valor a la hora de ser retratados. Odio el término mascotas, no sé en qué momento empezó a sonarme como algo despectivo hacia los animales, como si se refiriesen a objetos… no sé, es algo que simplemente siento al oírlo. Por eso quiero que si estás leyendo esto sea porque tú también consideras a tu perro como un miembro más de tu familia, del que quieres tener un recuerdo físico hoy y el día que por desgracia ya no esté. Un recuerdo de una situación cotidiana, un paseo por la ciudad, mientras te tomas un café en una terraza junto a él o ella, por ejemplo. Tener unas fotos naturales, sin nada artificial, donde poder sacar la más mínima emoción entre vosotros y poder enseñarle a todo el mundo lo guapos que salís juntos en cada foto.

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